AUTOR: CARLOS ACOSTA CÓRDOVA.
La reforma hacendaria aprobada por la Cámara de Diputados el viernes 18 no dejó satisfecho a nadie, ni al proponente. Los legisladores le dieron la vuelta a varios puntos de la iniciativa y no sólo enconaron las divisiones entre bancadas sino que recortaron las previsiones del Ejecutivo y se ganaron el rechazo del empresariado, pero sobre todo de la ciudadanía cautiva, la que acabará pagando (con insuficiencia) el previsible hueco petrolero.
Más allá del saldo, que a nadie dejó satisfecho, quedaron retratados todos los actores enfrascados en esta guerra sin cuartel.
Un gobierno acorralado que debió ceder y conceder por culpa de una Secretaría de Hacienda soberbia, la cual actuó con sigilo, encerrada, sin consultar ni a sus pares a la hora de elaborar la reforma fiscal –agresiva en extremo–, no previó efectos colaterales, trataba igual a los desiguales y al final quedó achatada y recaudará menos de lo muy poco que esperaba.

