AUTOR: MARCO APPEL.
BRUSELAS. En buena parte del mundo, las empresas productoras de refrescos y comida chatarra destinan enormes recursos para conservar las ganancias de sus negocios, aunque éstos afecten la salud pública.
El 16 de marzo de 2010, esas poderosas compañías consiguieron, tras una largo e intenso cabildeo, que la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo finalmente rechazara la propuesta de aplicar en todos los países de la región un sistema de etiquetas que, aun cuando destacarían el verdadero valor nutricional de los productos, podrían ocasionar una fuerte caída de las ventas.
Dicho sistema de etiquetas “tipo semáforo”, que ya se utiliza en Inglaterra, hubiera permitido al resto de los consumidores europeos identificar de manera sencilla las cantidades de azúcar, grasas y sal que contienen los productos que compran, correspondiendo el color rojo a “alta”, el ámbar a “regular” y el verde a “poca o nada”.

